Agencias. Un grupo de investigadores internacionales publicó en la revista Nature los primeros resultados de una estrategia experimental que busca desarrollar una vacuna personalizada de ARN mensajero capaz de activar el sistema inmunitario para reconocer y eliminar el cáncer de mama. El nuevo enfoque demostró en un ensayo clínico que puede inducir respuestas inmunitarias sólidas y prolongadas, y mantener a la mayoría de las pacientes libres de recaída durante años, lo que marca un hito en la búsqueda de tratamientos más efectivos y específicos para este subtipo de cáncer.
La propuesta de vacuna de ARN mensajero no apunta a la prevención, sino al tratamiento específico de cada caso. El proceso inicia con la secuenciación del tumor, donde los científicos identifican hasta 20 neoantígenos únicos de cada paciente. Estos se incorporan a una fórmula de ARN mensajero que instruye al sistema inmunitario para reconocer y atacar las células malignas. El objetivo es claro: “Apoyar al sistema inmune para que pueda combatir al tumor y también evitar recaídas futuras”, explicó Uğur Şahin.
Cada vacuna se elabora en un plazo promedio de 69 días desde la biopsia, lo que permite adaptarla a las mutaciones concretas del tumor tratado. Las pacientes reciben ocho dosis estándar tras la cirugía y la quimioterapia, integrando la inmunización como complemento de los tratamientos convencionales, según el estudio.
“El desarrollo de esta vacuna no constituye un tratamiento genérico, sino un producto de diseño único para cada paciente. Este proceso conlleva un desafío técnico y clínico: se requiere realizar una biopsia, extraer el ADN tumoral, realizar una secuenciación genómica de ese tumor específico y, a partir de allí, desarrollar la vacuna", coincidió Sergio Rivero, oncólogo clínico especialista en cáncer de mama del Instituto Fleming.
El ensayo mostró que todas las participantes desarrollaron respuestas de células T frente a uno o más de sus neoantígenos vacunales. Nueve de las 14 mujeres tratadas presentaron reactividad frente a al menos cinco neoantígenos diferentes. El 86% de las respuestas fueron detectables mediante pruebas específicas, alcanzando niveles considerados comparables a los de terapias celulares adoptivas.
Según los datos, estos linfocitos T específicos demostraron “capacidad de actuar y memoria a largo plazo”, manteniéndose funcionales en la sangre periférica hasta más de seis años tras la vacunación, sin necesidad de dosis de refuerzo. “Las células T específicas de neoantígenos permanecieron detectables en un estado funcional en la sangre periférica durante años después de la vacunación, lo que subraya el potencial de una inmunidad duradera”, documentó el estudio.
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