Punciones accidentales: un riesgo prevenible en la práctica clínica

Comunicado. María de Lourdes Meléndez, gerente de Asuntos Médicos MDS BD Hub México, informó que las punciones accidentales siguen siendo uno de los riesgos laborales más frecuentes en hospitales y clínicas. La prevención es posible cuando se combinan buenas prácticas, capacitación continua y el uso de dispositivos de seguridad adecuados.

Y agregó: “Quienes trabajamos en el ámbito de la salud sabemos que las punciones accidentales forman parte del riesgo cotidiano de la práctica clínica. Pero también sabemos -porque la evidencia lo confirma- que no son una condena: son un riesgo que se puede mitigar cuando la prevención se toma en serio y se sostiene en el tiempo. No estamos hablando de casos aislados. Cada año se registran cerca de dos millones de accidentes punzocortantes en el mundo, según la OMS. Esa cifra, por sí sola, obliga a dejar de ver el tema como una incidencia menor y tratarlo como lo que es: un componente crítico de seguridad para el personal de salud y, en consecuencia, para la atención al paciente”

En México, enfermeras, médicos residentes y personal de urgencias se encuentran entre los grupos más expuestos. La razón es práctica y cotidiana: manipulan agujas de forma constante durante la preparación y administración de medicamentos, así como en la toma de muestras. Ese contacto continuo, sumado a jornadas exigentes y entornos de alta demanda, incrementa la probabilidad de una punción accidental.

La pregunta de fondo no es si el riesgo existe, sino qué tan serio puede ser. Se estima que el riesgo de transmisión tras una punción con una aguja contaminada puede alcanzar hasta 30% para hepatitis B, 5% para hepatitis C y 0.3% para VIH, particularmente cuando se trata de agujas huecas.

Actualmente, hay avances que vale la pena reconocer. Uno de los más relevantes ha sido el desarrollo de dispositivos de inyección con mecanismos de seguridad. Su introducción al ámbito hospitalario, cuando se acompaña de capacitación continua del personal de salud, se asocia con una reducción de hasta 70% en las lesiones por pinchazos. Dicho de forma simple: cuando se combinan tecnología adecuada y entrenamiento constante, la exposición baja de manera contundente.

Ahora bien, sería ingenuo pensar que la tecnología resuelve todo. Persisten prácticas que elevan el riesgo, como el reencapuchado manual, la eliminación inadecuada de agujas o el uso de insumos sin mecanismos de protección. Son conductas que deben erradicarse de los entornos clínicos y reemplazarse por formación, supervisión en piso y procesos que faciliten hacer lo correcto incluso en los turnos más pesados.

Desde la experiencia en enfermería he constatado que la prevención efectiva se construye sobre tres pilares: tecnología adecuada, capacitación constante y una cultura de seguridad compartida. En conjunto, permiten proteger al personal sin interferir con la atención al paciente.

Prevenir las punciones accidentales en el ámbito clínico es una responsabilidad compartida. Invertir en dispositivos de seguridad, reforzar la capacitación y sostener buenas prácticas no solo protege al personal de salud; también fortalece la calidad y la seguridad de la atención que reciben los pacientes.

 

 

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