Comunicado. Cada Día Mundial de la Salud, a conmemorarse el 07 de abril, el espacio público se llena de recomendaciones, dietas y consejos sobre cómo vivir mejor. Sin embargo, en México, los resultados nos cuentan otra historia pues persistimos en un modelo de atención reactivo; uno que entra en acción cuando los síntomas ya son evidentes o cuando la enfermedad está avanzada.
Seguimos llegando tarde, cuidamos el corazón después de un infarto o atendemos trastornos del metabolismo tras un diagnóstico de diabetes. El problema no es la falta de información, sino la falta de acción oportuna, en otras palabras, los médicos y pacientes ignoramos el poder que las personas tienen para determinar su vida y su salud, dejando mucho al azar y a la evolución de un padecimiento hasta que es demasiado tarde para evitarlo y entonces comenzamos a tratarlo.
Las cifras lo confirman, sólo en 2024, más de 300 mil mexicanos perdieron la vida por causas que pudieron evitarse, pero el desafío va más allá de la mortalidad. Existe una carga silenciosa que tiene que ver con los años vividos con enfermedad. En México, muchas personas pasan hasta 12 años con padecimientos crónicos que limitan su calidad de vida, su autonomía, su estabilidad económica y hasta su vida misma.
"En este Día Mundial de la Salud, debemos reconocer que la información por sí sola no cambia conductas. Durante décadas, el modelo ha sido tratar el padecimiento cuando ya se desarrolló o informar al paciente y esperar que las personas transformen hábitos complejos por voluntad propia, pero sin acompañamiento ni intervención, la información pierde impacto. En el CCML, nuestra métrica de éxito no es la ausencia de síntomas hoy, sino la preservación de tu capacidad de disfrutar la vida en las próximas décadas. Intervenir a tiempo no es un lujo, es una decisión clínica responsable”, explicó Javier Coindreau, fundador del Centro de Ciencias Médicas de la Longevidad (CCML).
Esta perspectiva se enfoca en identificar "anormalidades detectables" antes de que se conviertan en enfermedad. El control de biomarcadores puede reducir el riesgo cardiovascular en 22%, y los programas estructurados de estilo de vida pueden disminuirla progresión a diabetes cerca de 60%. Hablamos de ciencia aplicada para que condiciones como el cáncer cervicouterino (prevenible en hasta 90%) o algunas demencias, dejen de convertirse en desenlaces inevitables.
El mayor desafío en salud hoy no es el diagnóstico, sino la adherencia. Los modelos tradicionales, diseñados de forma genérica, enfrentan tasas de abandono superiores al 50% durante el primer año, en gran medida porque no consideran la realidad cotidiana de las personas. Aquí es donde el Coaching Médico adquiere relevancia clínica no como un complemento, sino como el mecanismo que traduce el conocimiento en acción sostenida.
El coaching médico es la herramienta clínica que permite que el plan médico se mantenga vigente frente a factores reales como el estrés, la falta de tiempo o las barreras emocionales. Es el puente que ayuda a una persona a convertir una instrucción médica en una rutina sostenible; intervenciones consistentes, aunque sean pequeñas, generan mayores beneficios que estrategias ideales que no se ejecutan.
“La medicina de la longevidad no se basa en soluciones rápidas ni en promesas simplistas, se fundamenta en la evaluación continua, búsqueda intencionada de un padecimiento en fases ultratempranas, el acompañamiento profesional y la gestión anticipada de riesgos con cambios relativamente sencillos en el estilo de vida”, concluyó Coindreau.
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