Comunicado. Aunque muchas personas consideran habitual sentir molestias después de pasar varias horas en el agua, ignorar síntomas como dolor, sensación de oído tapado o disminución de la audición puede retrasar el diagnóstico y favorecer complicaciones que afecten la capacidad para escuchar.
MED-EL, proveedor de soluciones auditivas, señala que durante esta temporada aumenta la incidencia de la otitis externa, conocida comúnmente como "otitis de verano", una infección del conducto auditivo externo que provoca inflamación, dolor intenso y molestias que, si no reciben tratamiento oportuno, podrían derivar en complicaciones como distintos grados de hipoacusia.
De acuerdo con la Secretaría de Salud, alrededor del 10% de la población mundial ha padecido otitis externa en algún momento de su vida. Esta infección suele originarse por la entrada de agua contaminada o por la humedad que permanece atrapada en el oído después de actividades acuáticas. Aunque suele presentarse a cualquier edad, los niños son uno de los grupos más vulnerables debido a que sus trompas de Eustaquio son más cortas y rectas que las de los adultos, lo que dificulta el drenaje de líquidos y favorece la aparición de infecciones.
Además del dolor, una de las primeras consecuencias de la otitis externa es la disminución temporal de la audición, ocasionada por la inflamación y la obstrucción del conducto auditivo. Aunque esta alteración suele revertirse con el tratamiento adecuado, retrasar la atención médica puede favorecer complicaciones que deriven a algún tipo de sordera.
"Es muy común que después de nadar las personas piensen que sentir el oído tapado es algo normal y esperen a que la molestia desaparezca por sí sola. Sin embargo, esa sensación también podría ser una señal de que existe una inflamación o una infección en desarrollo. Mientras más pronto se realice una valoración médica, mayores son las posibilidades de resolver el problema sin que afecte la audición", explicó María Fernanda Alderete, médico audiólogo y de Soporte Clínico en MED-EL.
Además del contacto frecuente con el agua, existen hábitos que favorecen el desarrollo de una infección auditiva. Introducir hisopos u otros objetos para limpiar el oído elimina la capa natural que protege el conducto auditivo e incluso provoca pequeñas lesiones que facilitan la entrada de bacterias y hongos. Asimismo, las personas con afecciones dermatológicas como dermatitis, eccema o psoriasis presentan una mayor susceptibilidad a este tipo de padecimientos.
Los especialistas recomiendan acudir a valoración médica si, después de realizar actividades acuáticas, se presentan una o más de las siguientes señales de alerta: dolor intenso en el oído, sensación de oído tapado, disminución de la audición, secreción, picazón, molestias al masticar, mareos o dolor de cabeza.
Una vez confirmado el diagnóstico, seguir el tratamiento indicado por el especialista es fundamental para favorecer la recuperación y reducir el riesgo de complicaciones. En los casos donde la infección deriva en una pérdida auditiva severa o profunda, existen soluciones auditivas avanzadas de origen austriaco, como los implantes cocleares, que permiten restaurar la audición en personas candidatas al tratamiento. Actualmente, el oído es el único órgano de los sentidos cuya función puede recuperarse mediante este tipo de tecnología.
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