Comunicado. Cada pensamiento, recuerdo, emoción y movimiento depende de uno de los órganos más complejos y extraordinarios del cuerpo humano: el cerebro. Aunque representa apenas el 2% del peso corporal, consume alrededor del 20% del oxígeno y de la energía del organismo, desempeñando un papel fundamental en prácticamente todas las funciones que permiten nuestra vida diaria.
Con el objetivo de crear conciencia sobre la importancia de su cuidado, cada 22 de julio se conmemora el Día Mundial del Cerebro, una iniciativa impulsada por la Federación Mundial de Neurología (WFN) desde 2014, que busca visibilizar los riesgos asociados a las enfermedades neurológicas y fomentar acciones preventivas que permitan preservar la salud cerebral en todas las etapas de la vida.
La OMS define la salud cerebral como el estado de funcionamiento cognitivo, sensorial, emocional, conductual y motor que permite a las personas desarrollar su máximo potencial a lo largo de su vida. Sin embargo, factores como el sedentarismo, el estrés crónico, el tabaquismo, la falta de sueño y las enfermedades cardiovasculares no controladas pueden afectar significativamente su funcionamiento.
Actualmente, los trastornos neurológicos representan una de las principales causas de discapacidad en el mundo. Entre ellos destacan los accidentes cerebrovasculares, las demencias, la enfermedad de Parkinson, la epilepsia y las migrañas, padecimientos cuyo impacto puede reducirse considerablemente mediante la adopción de hábitos saludables. De hecho, especialistas señalan que hasta el 90% de los accidentes cerebrovasculares y cerca del 40% de los casos de demencia podrían prevenirse mediante la modificación de factores de riesgo.
Diversas investigaciones han demostrado que el ejercicio físico no solo beneficia al sistema cardiovascular y muscular, sino que también favorece la plasticidad neuronal, mejora la circulación sanguínea y contribuye a preservar las funciones cognitivas, ayudando incluso a retrasar procesos asociados con el envejecimiento cerebral.
Asimismo, el descanso adecuado y una correcta gestión del estrés son elementos clave para mantener una mente saludable. La falta de sueño puede afectar la memoria, la concentración y el estado emocional, mientras que el estrés prolongado se ha relacionado con ansiedad, depresión y deterioro cognitivo, de acuerdo con la OMS.
En este contexto, promover estilos de vida activos y saludables se convierte en una herramienta fundamental para proteger uno de los órganos más importantes del cuerpo humano.
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