Prevención del suicidio: hablar también es prevenir

Comunicado. Rocío Arocha Romero, presidenta de la Asociación Psicoanalítica Mexicanaindicó que hablar del suicidio sigue siendo difícil. Hay miedo a pronunciar la palabra, temor a preguntar directamente y, en muchos casos, la idea equivocada de que hablar sobre el tema puede provocar que una persona tome una decisión que de otro modo no habría considerado. Sin embargo, el silencio no protege. Por el contrario, aprender a hablar del sufrimiento emocional puede convertirse en una herramienta fundamental de prevención.

Las cifras muestran la dimensión de un problema que no podemos ignorar. En México, durante 2024 se registraron 8,856 suicidios, lo que representó una tasa de 6.8 por cada 100 mil habitantes, de acuerdo con el Inegi. Detrás de cada cifra existe una historia, una familia y, muchas veces, una persona que atravesó un momento de sufrimiento que pudo haber permanecido invisible para quienes la rodeaban.

Uno de los principales retos de la prevención es aprender a reconocer que una persona puede estar sufriendo profundamente, aunque desde afuera parezca continuar con su vida cotidiana.

De acuerdo con la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama), nueve de cada 10 personas que mueren por suicidio habían manifestado a familiares o amigos su intención de quitarse la vida. Este dato nos obliga a prestar atención. No se trata de vivir buscando señales de alarma en todas las personas que conocemos, sino de aprender a escuchar cuando alguien expresa desesperanza, deseos de morir, aislamiento o cambios importantes en su comportamiento.

“Prevenir el suicidio comienza mucho antes de una crisis: comienza cuando somos capaces de escuchar el sufrimiento de otra persona sin juzgarla, sin minimizar lo que siente y sin hacerla sentir sola”, comentó Arocha Romero.

Preguntar "¿cómo estás?" y realmente estar dispuestos a escuchar puede parecer un gesto pequeño, pero puede abrir un espacio para que alguien pueda expresar aquello que hasta ese momento había mantenido en silencio. También es importante dejar atrás las explicaciones simplistas. El suicidio no puede atribuirse automáticamente a una ruptura amorosa, a una enfermedad, a un problema económico o a un diagnóstico de salud mental.

Se trata de un fenómeno complejo en el que pueden interactuar factores psicológicos, sociales, familiares y ambientales. Una crisis puede hacer que una persona perciba su situación como insoportable y, en ese momento, necesite acompañamiento y atención especializada. Por ello, la prevención no consiste únicamente en intervenir cuando existe una emergencia. También implica construir redes de apoyo, fortalecer la salud mental y generar espacios donde hablar de las emociones deje de ser motivo de vergüenza.

La prevención tampoco es responsabilidad exclusiva de psicólogos, psiquiatras o instituciones de salud. Las familias, las escuelas, los centros de trabajo y los medios de comunicación tienen un papel fundamental. En particular, los medios pueden contribuir a reducir el estigma cuando abordan el suicidio de manera responsable, evitando el sensacionalismo y ofreciendo información que oriente a quienes pueden estar atravesando una crisis. Conasama ha señalado precisamente la importancia de utilizar un lenguaje sensible, evitar explicaciones simplistas y promover la búsqueda de ayuda.

Informar no significa únicamente contar que ocurrió una tragedia. También significa explicar que existen alternativas de atención, que una crisis puede ser temporal y que pedir ayuda no es una señal de debilidad.

Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. La fecha representa una oportunidad para poner el tema sobre la mesa, pero la conversación no debería terminar ese día. “Necesitamos una cultura en la que hablar de tristeza, desesperanza, ansiedad, pérdidas o sufrimiento emocional sea tan legítimo como hablar de cualquier otro problema de salud. Prevenir significa preguntar. Significa escuchar. Significa tomar en serio aquello que muchas veces preferimos no escuchar. Y significa también entender que no tenemos que resolver solos el sufrimiento de alguien más. Podemos acompañar, podemos escuchar y, sobre todo, podemos ayudar a acercar a esa persona a profesionales capaces de intervenir. Porque frente al suicidio, el silencio no debe ser nuestra respuesta. Hablar puede abrir una puerta. Escuchar puede sostener a una persona. Y pedir ayuda puede cambiar el desenlace”, finalizó la especialista.

 

 

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